Inicio    ¿Hotel o pisos de lujo? Los venezolanos siguen intentando soltar lastre inmobiliario

El capital venezolano está de retirada en España. En los últimos dos años, y ante el inminente cambio de ciclo en el mercado residencial de lujo, han puesto en venta buena parte de sus activos inmobiliarios en la capital, donde entraron con fuerza en 2013 y 2014, cuando solamente invertían en España fondos oportunistas, lo que les permitió hacerse con un número significativo de inmuebles en el centro de Madrid, en concreto, en el barrio de Salamanca, su distrito por excelencia, a precios muy atractivos.

Desde 2018, el capital venezolano está de retirada, poniendo a la venta y consiguiendo vender buena parte de los edificios adquiridos que no han podido o no han querido desarrollar. La última pieza en el mercado es San Bernardo 126, propiedad de LemonPrime, una de las primeras sociedades de capital venezolano en aterrizar en España, propiedad de los hermanos Manuel y Federico González Weil.

San Bernardo 126 lleva varios años en venta, piden entre 14,5 y 16 millones de euros

El edificio, que lleva en venta varios años, no consigue comprador debido a las elevadas expectativas de venta de sus propietarios, explican a El Confidencial diferentes fuentes del mercado de lujo, tal como ha sucedido con otros activos. El inmueble dispone de una superficie sobre rasante de algo más de 3.000 metros cuadrados —y casi 1.800 bajo rasante— y por él piden unos 15 o 16 millones de euros, lo que supondría un precio de repercusión de unos 4.000 euros el metro cuadrado, un precio, según los expertos consultados, muy elevado para sacar adelante un proyecto rentable que, tal y como figura en la propia página web de LemonPrime, contempla 24 viviendas de lujo, un local comercial y 32 plazas de aparcamiento. Pero no ha sido desarrollado.

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El edificio fue adquirido a Altamira y, tras gestionar y tramitar la licencia de obras y después de la aprobación del proyecto, LemonPrime decidió ponerlo en venta, una estrategia —la de vender el edificio con la licencia de obra y el proyecto aprobado— muy similar a la que han seguido otros inversores, como por ejemplo Logika European Partners, un fondo detrás del que se encuentran el hijo de Ernesto de Hannover y capital de origen colombiano.

A favor del edificio juega el hecho de que cuenta con doble licencia, para uso hotelero y residencial, tal y como explican a El Confidencial diferentes fuentes. Un doble uso que abre el abanico a un mayor número de potenciales inversores. De hecho, como adelantaba El Confidencial hace unos días, el grupo inversor de Hong Kong, Platinum Real Estate, está tramitando un plan especial para poder recuperar el uso hotelero del edificio de Zorrilla 19, al observar mayores posibilidades de venta del edificio con este uso que como residencial.

Los venezolanos, en retirada

LemonPrime fue una de las primeras firmas de capital venezolano en aterrizar en Madrid. Lo hizo en el verano de 2012, cuando la prima de riesgo en España se encaminaba a máximos históricos y la salida del euro empezaba a cobrar fuerza. En aquel entonces, Renta Corporación cerraba la venta de Príncipe de Vergara 11, uno de los edificios más emblemáticos, espectaculares y exclusivos del barrio de Salamanca, a un pequeño grupo de inversores venezolanos asesorados por los hermanos González Weil. Por aquel edificio se pagaron unos 24 millones de euros, en torno a 4.000 euros el metro cuadrado.

A favor del edificio: cuenta con doble licencia, para uso hotelero y residencial

La sociedad es propiedad de los hermanos Manuel y Federico González Weil. Es una compañía de capital venezolano —sería el equivalente a Gran Roque Capital, de Miguel Ángel y Áxel Capriles— que desde hace casi una década busca oportunidades de inversión en Madrid para las grandes fortunas de su país. Molior Arquitectura y Construcciones, cuyo director general es Carlos González Weil, se encarga de la puesta a punto y lavado de cara de los edificios. De hecho, su firma está detrás de los grandes proyectos de rehabilitación de lujo de Madrid del último lustro.

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Además de San Bernardo 126 o Príncipe de Vergara 11, esta saga de venezolanos está o ha estado detrás de otros edificios emblemáticos como Recoletos 13 y 8, Salustiano Olózaga 12 o Lagasca 19. Proyectos todos ellos en los que los propietarios, además de comprar viviendas para uso propio, aprovecharon para hacer caja con la reventa de viviendas a otros compradores venezolanos, pero también a ricos españoles. Otro de sus proyectos destacados es Montalbán 11, diseñado para Italinmueble, vehículo inversor del hispano-italiano Maximiliano Pizzorni, completamente vendido desde hace varios años, excepto su ático de tres plantas.

Su última operación, y una de las más sonadas, fue la venta de Claudio Coello 11, un inmueble donde estuvo la Universidad de Villanueva durante años, y que compraron a finales de 2013. Este edificio fue vendido en plena pandemia a la mujer más rica de México, María Asunción Aramburuzabala, que consiguió rebajar significativamente el precio de compra. Inicialmente, los venezolanos pedían 27 millones de euros y acabó cerrándose en 12, tal y como adelantó El Confidencial.

Precisamente, el capital mexicano ha sido el que ha cogido el relevo de los venezolanos, con la compra de varios inmuebles en la capital. Los más sonados, Núñez de Balboa 3, General Martínez Campos o Marqués de Salamanca 11, todos ellos adquiridos por Terralpa Investments, el vehículo fundado por Ramón Hermosilla Gómez-Cuétara, junto con los inversores mexicanos Rodrigo Lebois (Unifin) y José Ramón Liñero (Terrafondo), pero también Hermosilla 60, vendido por Logika European Partners a un grupo inversor mexicano asesorado por el abogado azteca Rafael Ojeda.

Ahora está por ver si será también capital mexicano el que desatasque, por fin, la venta de San Bernardo 126.

Artículo Original elconfidencial.com

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