Inicio    Jóvenes expulsados del alquiler y empujados a comprar una casa que no pueden pagar

Paloma y Víctor decidieron irse a vivir juntos en octubre de 2015. Ella tenía 30 años y acababa de sacar una plaza de funcionaria en la Comunidad de Madrid. Él, con 31, tenía un contrato indefinido como informático en una multinacional instalada en la capital. Por su piso de 60 metros de dos habitaciones en el centro de la ciudad, a apenas 20 minutos de Gran Vía, pagaban un alquiler de 850 euros. En aquel momento prefirieron vivir de alquiler porque en esa zona no se podían permitir comprar. Hoy, tres años después, y en medio del boom de precios, su casero les ha comunicado que si quieren seguir en el piso tendrán que pagar 1.200 euros. Es decir, deberán asumir un incremento del 40% que no están dispuestos a asumir.

Tres años después, han decidido que con una renta tan elevada prefieren hipotecarse. Pero no depende de lo que ellos prefieran ya que para hacerlo necesitan ahorros o la ayuda económica de su familia. Además, tendrán que desplazarse a las afueras de la ciudad porque en el centro les resultará imposible comprar. El tiempo juega en su contra ya que su contrato termina en cuestión de días. Tanto si compran como si finalmente deciden permanecer de alquiler, tendrán que hacer las maletas y marcharse a la periferia donde sí podrán pagar un alquiler similar al que pagan ahora.

Su situación no es aislada, ya que desde el pasado mes de junio estamos asistiendo a una auténtica avalancha de contratos de alquiler que tocan a su fin y hay que renovar. Renuevan aquellos inquilinos que firmaron después de junio de 2015 conforme a la nueva Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) que redujo la duración de los contratos de cinco a tres años, y los que lo hicieron en 2013, antes de la reforma de la ley. Entonces, en plena crisis económica, con un mercado inmobiliario completamente paralizado, el paro en máximos y cientos de familias desahuciadas, fueron mayoría los que se vieron abocados a alquilar ante la imposibilidad de comprar casa.

Ahora, todos ellos están sufriendo, paradójicamente, las consecuencias de la recuperación económica e inmobiliaria. Crece el PIB , el consumo va viento en popa, el turismo también, mientras los precios de las viviendas y las compraventas no paran de subir. Y, sin embargo, acceder a una vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler, resulta cada vez más complicado, especialmente para los más jóvenes, que son quienes mayoritariamente viven de alquiler.

Y es que la espiral alcista de precios que se está viviendo en las grandes ciudades de Madrid o Barcelona, donde ya se han superado los máximos y donde los alquileres se han encarecido un 30% y un 50% respectivamente en cuatro años, ha puesto a los más jóvenes ante una complicada situación si quieren poder seguir disfrutando de su vida emancipados o si están pensando en emanciparse.

Si tenemos en cuenta los últimos datos del Consejo de la Juventud, la situación laboral y económica de la población más joven es muy delicada. El 40% no percibe ninguno tipo de ingreso ordinario -salario, beca o prestación-, el 61,1% no está trabajando y, por consiguiente, no dispone de un ingreso salarial o como trabajador por cuenta propia y, por si todo ello no fuera suficiente, el sueldo medio neto de los que tienen un empleo -con pagas extraordinarias incluidas- no llega ni a 900 euros al mes y a menos de 640 euros entre las personas de 16 a 24 años.

Ni comprar ni alquilar

Con estos datos sobre la mesa y sin una mejora salarial acorde con la evolución de precios -tanto en compra como en alquiler- muchos de ellos no pueden permitirse una fuerte subida de los alquileres sin que peligre su solvencia. Las opciones se cuentan con los dedos de una mano: desplazarse a localizaciones donde los alquileres son más asequibles, volver al domicilio familiar, compartir piso o comprar una casa, una opción en muchos casos muy complicada debido a la falta de ahorros.

"Parece que el mercado va bien cuando los precios suben y mal cuando bajan, pero analizamos el mercado de manera errónea desde un punto de vista psicológico. Aunque parezca positivo que baje el paro, suban las exportaciones y la economía crezca, en realidad no lo es, es una pésima noticia para los jóvenes. El precio de la vivienda tendría que bajar o los salarios deberían subir a un mayor ritmo para que pudieran comprar una vivienda", señalaba esta semana el consejero delegado de Sociedad de Tasación Juan Fernández Aceytuno, durante la presentación de un informe sobre el perfil del comprador de vivienda en España elaborado junto a Planner Exhibitions., empresa organizadora de la mayor feria inmobiliaria de Madrid (SIMA). Este experto se mostró especialmente preocupado por la escalada de precios en Madrid y Barcelona.

Paloma y Víctor eran unos firmes defensores del alquiler, como tantos otros jóvenes que viven arrendados. De hecho, todo apuntaba a que con la crisis, el alquiler había llegado a España, un país con un fuerte arraigo a la propiedad, para quedarse. Si en 2005, el porcentaje de hogares que vivían de alquiler en nuestro país era del 13%, doce años más tarde, en 2017, nos encontramos en torno al 17%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

"Gracias al alquiler podíamos permitirnos vivir en una zona en la nunca podremos comprarnos una casa. Ahora, sin embargo, tampoco podemos permitirnos vivir aquí de alquiler. Bueno, en realidad sí podemos, pero nos supondría un esfuerzo económico muy grande y, sinceramente, preferimos pagar una hipoteca a tirar mes a mes el dinero en una casa que no es nuestra, aunque tengamos que desplazarnos hacia la periferia", aseguran los dos protagonistas de esta historia.

La búsqueda de casa, sin embargo, está siendo mucho más complicada de lo que se habían imaginado. "No encontramos una vivienda que nos guste, ni que se ajuste a nuestro presupuesto. De hecho, de haberlo sabido, habríamos intentado comprar hace uno o dos años. Llevamos ya ocho meses buscando y nada. El tiempo se nos agota porque en unos días termina el contrato de alquiler", relata Paloma.

Urgencia por comprar

Una urgencia que se repite en buena parte de los jóvenes que se encuentran en su misma situación. Según datos del estudio de Sociedad de Tasación y Planner Exhibitions., casi el 45% de los jóvenes que visitaron el SIMA el pasado mes de junio tiene previsto comprar casa en cuanto la encuentre, mientras que a otro 35% le gustaría comprar en menos de un año. ¿Por qué tanta prisa? Temen que el precio de la vivienda siga subiendo y se complique, aún más, el acceso a la vivienda en propiedad.

"Los potenciales compradores de una vivienda tardan cada vez más tiempo en encontrarla, una situación que se acentúa en el caso de los jóvenes. De hecho, un 40% de aquellos que buscan activamente casa para comprar llevan entre seis meses y dos años buscando y todo apunta a que el incremento de los precios tiene mucho que ver en ello", señalaba hace unos días Eloy Bohúa, director general de Planner Exhibitions. "La capacidad de los futuros compradores para hacer frente a la subida de precios mediante el incremento del presupuesto de compra empieza a tocar techo".

Una situación que se complica en el caso de los jóvenes. Para que nos hagamos una idea, si el presupuesto medio para comprar una vivienda de aquellos que visitaron la feria hace cuatro meses se movía entre 237.000 y 270.000 euros, en el caso de los jóvenes, las cifras se reducen un 14% (entre 203.820 y 232.000 euros).

Fuente: Consejo de la Juventud.

El gran problema para buena parte de ellos es que, económicamente, no se pueden permitir comprar casa, ya que, a diferencia de lo que sucedió hace diez años, sin ahorros, no hay financiación. Y muchos jóvenes, no disponen de ese colchón económico.

En concreto, un 36% de los jóvenes que visitaron la feria, es decir, los que mostraron interés real en comprar, necesitaría financiar más del 80% del precio de adquisición de la vivienda, algo que la banca aún no está dispuesta a conceder, al menos de manera generalizada. Pero no solo eso, sino que de conseguir una hipoteca, su economía doméstica se vería seriamente resentida porque más del 60% de los jóvenes tendrían que dedicar entre 30% y el 50% de sus ingresos a pagar la hipoteca, unos porcentajes completamente insostenibles.

El problema es que vivir de alquiler tampoco resulta económicamente sostenible para muchos hogares. Sufragar el alquiler medio de España, de 767,09 euros mensuales, conllevaría que actualmente una persona joven dedicara el 85,4% de su sueldo únicamente a pagar la mensualidad del alquiler. Eso sí, sin tener en cuenta para estos cálculos el coste de los suministros básicos por el uso de la vivienda (agua, luz, gas, etc.), según alertaba hace un año el Consejo de la Juventud. Pero además, con la renta media de un hogar joven, en los que suelen participar más de una persona, el alquiler de una vivienda libre resultaría igualmente inasumible, al llevarse el 48,3% de los ingresos disponibles.

El boom de los alquileres ha expulsado del mercado a quienes, hasta hace un par de años eran sus principales defensores poniendo de manifiesto cómo la opción de vivir arrendado correspondía más a una obligación que a una creencia. La demanda de alquiler ha caído un 36% en un año debido a que hay menos jóvenes -de 18 a 34 años- activos en el mercado que en 2017. Por el contrario, los niveles de intención de compra a medio plazo -próximos 5 años- han aumentado entre los segmentos más jóvenes, según Fotocasa, con una mayor intención de comprar en el corto plazo -próximos 2 años-, aunque muchos de ellos son conscientes y saben que no podrán hacerlo.

La situación es especialmente delicada en las ciudades de Madrid y Barcelona donde, si los presupuestos generales salen finalmente adelante y se concretan varios cambios normativos, los ayuntamientos podrán tomar directamente cartas en el asunto de los precios de los alquileres limitando las rentas que los caseros puedan cobrar a sus inquilinos.

Mientras todas las medidas anunciadas se concretan, los precios, tanto de compra como de alquiler, siguen sumidos en una espiral alcista que van extendiéndose poco a poco del centro hacia la periferia de las ciudades de manera imparable.

Artículo Original elconfidencial.com

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